
Todos los lunes por la mañana se encontraban y se hacían entrega de una mochila. Cada lunes le tocaba a uno.
Un lunes, ella iba a su casa a primera hora, y si él no estaba, dejaba la mochila en la puerta. El siguiente, él acudía a casa de ella a media mañana, caminando o con la moto, ella bajaba y la recogía. Debía ser algo muy importante cuando no había lunes que fallaran. Sin embargo, no hablaban ni se miraban a los ojos. Y si alguien se acercaba mucho, casi podía sentir el lazo de dolor que les unía.
Anita ¿Mochila? Los hay que hacen lo mismo con los hijos. Una pena. A este mundo le hace falta mas compasión y bondad. Bonito micro.
ResponderEliminarFirmé por error con mi otro blog. El blog de la línea de alta traición Sama Velilla. Saludos Manuel.
ResponderEliminarCiertamente es un arte el decir tantas cosas con tan pocas palabras...
ResponderEliminarEso del lazo de dolor abre totalmente el micro. No hay duda de que parece un símbolo de eso que dice Manolo: los hijos que pasan de unos a otros en rupturas de parejas. No obstante también puede ser cualquier rémora que queda después de una ruptura: amigos, familia...
ResponderEliminarUn saludo, Ana.
Coincido con Alberto, no sólo los hijos. Tras una ruptura mucha gente sufre. Extraordinario micro.
ResponderEliminarMe apunto también a las teorías de Alberto.
ResponderEliminarY en esa mochila seguro van cosas cotidianas, cosas que delatan que todo está tranquilo, que la vida sigue con normalidad, que todo está en orden, o casi todo, siempre queda algo por colocar dentro..
ResponderEliminarLo bueno de los micros, aunque sean pocas líneas, te dejan en ascuas hasta el "giro final", hasta el lazo de dolor. Muy bueno.
Un abrazo.
Pta: me apunto al análisis de las palabrejas de control, je je. Ahora fue "salfin"
Me gusta el micro y me gusta la interpretación de Alberto.
ResponderEliminarUn beso Anita.
Yo también he pensado que habría un niño junto a la mochila.
ResponderEliminarTengo una mochila que ha venido con nosotros a todas las excursiones, tiene sal de Murcia, conchas de Mauricio, tierra del Pirineo. Tal vez quisiera tenerla una de cada dos semanas...
Buen micro para pensar.
La mochila obliga a seguir relacionándose semanalmente a quienes han perdido la conexión, ahora la relación ha cambiado y se basa más en la obligación y el dolor.
ResponderEliminarLo bueno que tiene una mochila, y no los hijos, es que ella no sufre la falta de miradas y de palabras.
El debate y el pensar son cosas que se agradecen mucho por aquí.
Mi sombrero se lo regalo a todes!
Abrazos
En estos casos las penas compartidas, siguen siendo penas, y no se dividen, más bien se multiplican...
ResponderEliminarAl menos es una mochila...
Mi sombrero con admiración.
...He oido sombrero?
ResponderEliminarBueno, ya que estamos... te comento. Fascinante, Ana. La verdad es que el principio no me ha llegado,... no podía acomodarme en tu relato... todas esas frases... explicando el proceso. No sé... como deslavazadas, ajenas unas a otras. Como con muchas esquinas... Sin embargo, la última frase es de esas.. de las tuyas. Contundentes como una hecatombe en su sencillez. De las que se quedan zumbando en las entendederas...
...un misterio, un desasosiego. Muy grandes.
Un beso de lunes feliz.
Hola. Coincido también con Alberto. Es un micro que te ejercita las neuronas, y al final,¡punch! te sacude. Un abrazo.
ResponderEliminarMe ha gustado mucho y coincido con el resto de comentarios en que has sabido condensar toda la información en la última frase... Me encanta la tensión creada con sólo un objeto.
ResponderEliminarUn abrazo.