La araña sabía que si quería podía tejer alrededor de la flor, allí comería todo lo que le apeteciera, porque notaba como todos se sentían atraídos por ella. Pero amaba a esa flor, sentía calor cuando se acercaba a ella y sus estambres la acariciaban delicadamente cuando desaparecía entre su blancura.
*Foto de Nuria Sánchez