
A primera vista puedo distinguir la figura de mi padre, la misma complexión delgada y fuerte, pero de proporciones más reducidas, y teniendo en cuenta que la edad ha hecho más mella en mi que en él. También sus ojos marrones y pequeños, su curiosidad y la capacidad de total abstracción en lo que ocupa nuestra mente.
La gran sonrisa es de mamá, el ancho mentón y las ganas permanentes de agradar a los demás, que combinamos con un buen toque de mala leche.
La forma de hablar, quizá más brusca e irreverente, me recuerda muchas veces a mi hermana, aunque ella no ha ganado este deje canario ni ríe tan estruendosamente.
Pero sin duda, solo mío es el caminar, estirada y con la cabeza bien alta, fruto de algunos años tratando de ser bailarina, mi vocación frustrada.
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Este es uno de los ejercicios del curso que estoy haciendo, así me doy un poco a conocer, claro que sería mejor conocer a mi familia antes ;)