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lunes, 26 de marzo de 2012

Tac tic


Hace tiempo que atraso, apenas unos minutos al principio, casi no se notaba. El café no me sabía dulce después de haber echado azúcar y seguía despierta cuando me quedaba dormida. Pero con el tiempo ha ido a más, cuando te sientas en el sofá cansado yo aún estoy en la ducha y si me preguntas qué tal fue el día, te cuento lo de ayer. 
Calculaba como ponerme en hora cuando me he dado cuenta de que tú adelantas. En el cine, yo me quedo enganchada en la primera escena mientras tú hablas del final. Yo te comento lo bien que lo pasamos en París y tú me dices que lo nuestro se va a terminar.

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Título robado al payaso Kum*

domingo, 31 de octubre de 2010

Cambio de hora


Una vez me dijeron que a los cambios de hora había que acostumbrarse con la cabeza, el estómago y el corazón, en ese orden.
No conocían a mi abuela.
Recuerdo los días de cambio de hora, que se repetían dos veces al año como una rutina establecida.
Durante la comida ella le preguntaba a mi padre
- Miguel, si han atrasado la hora, entonces ¿nos han quitado o nos han dado una hora?
- No, nos han dado una hora
- Ah, entonces es que la han adelantado
- No mama, la han atrasado
- Pero ¿qué hora sería ahora?
- Ayer a estas horas eran las 3.30
Ella entonces miraba el reloj, se quedaba callada, mascullando la siguiente pregunta mientras comía un bocado. Y seguía:
- No lo entiendo, si la han atrasado es porque nos han quitado una hora, porque si te fijas ahora se hace de noche antes y amanece después.
- Precisamente -decía mi padre- ahora es antes y por eso tenemos una hora más, y por eso han a-tra-sa-do la hora.
- Pues no lo comprendo, Miguel.
En este punto mi abuela me miraba
- A mi no me mires, yo tengo el mismo lío que tu, pero bueno, que son las 2.30 y ya está.
- Pero a ver, Miguel -volvía a la carga- si han atrasa..
- ¡Son las 2.30 y punto! ¡Tienes TODOS los relojes en hora desde anoche y no hace falta que lo entiendas ¡ES LA HORA QUE ES!
Entonces mi abuela callaba, miraba el plato y seguía comiendo, modosa, pensativa, miraba la tele y comía. Pasado un rato prudencial me miraba:
- Ana, entonces si han atrasado la hora...
A estas alturas mi padre se levantaba hecho una furia
- ¡¡¡HAN A-TRA-SA-DO LA HO-RA, NOS HAN DA-DO U-NA HO-RA MÁS Y TO-DOS LOS RE-LO-JES ES-TÁN EN HO-RA!!! ¡Y no quiero volver a oír hablar del tema!

Mi abuela murió hace años, pero en días como hoy la recuerdo con mucho cariño y llamo a mi padre para preguntarle qué han hecho con la hora, porque sé que la echa de menos. Aún así, nunca le he hablado del brillo especial en los ojos de la abuela aquéllos días, con una media sonrisa que borraba antes de mirarle y empezar con la primera pregunta.

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