
Entendiendo Alonso de Lugo que no había otra manera de derrotar al obstinado Tanausú, ideó un encuentro con él y su primo Juan, ya convertido al cristianismo.
Tanausú notó algo en la mirada de Juan cuando se encontraron en El Riachuelo que hubiera preferido no ver, pero ya era tarde y la emboscada le atrapó en las redes de don Alonso, que pudo tomar, por fin, la Caldera de Taburiente.
Hoy me siento al borde de la Caldera con mi primo, noto en su mirada que el territorio ha sido repartido entre especuladores. Se equivoca si cree que me voy a dejar morir gritando "vacaguaré".