Son tiempos oscuros. Siglos atrás, los recortes
convirtieron a los científicos casi en nigromantes y a los pensadores, en
eremitas. Pero hoy, por fin, ha llegado el día en que el sol derrote a la
noche. Un científico se convierte en el héroe voluntario que se ofrece a dejar
atrás el mundo que conoce. Sus compañeros le colocan el traje, ajustan correas
y mecanismos, y le dan un abrazo. El
voluntario monta en la máquina y la activa. Su cuerpo se estremece, se multiplica,
se encoge, se estira, se fracciona y, tras un destello, vuelve a reunirse: ha
viajado a principios del siglo XXI, en ese punto difuso del tiempo en que el dinero se volvió más importante
que las personas. Según lo programado, aparece súbitamente encima de la mesa
del consejo de ministros. Detona la carga. Una nube de humo y el olor a carne
quemada lo impregna todo.
Harán muchos más viajes, pero no volverá a faltar una mascarilla en el equipaje.

