
La directora de la orquesta sacó la batuta, los instrumentos estaban preparados desde muy temprano.
Ella comenzó, primero los agudos, luego los graves, agudos, graves, arriba, abajo.
Los instrumentos no cesaban, pero al menos a la educadora infantil dejó de dolerle la cabeza una vez las criaturas lloraron coordinadamente, el primer día de guardería.
