Si de verdad quieren saber quién es
Ana Vidal, sólo tienen que asomarse a la fotografía de su blog. Mírenla bien.
Sonrisa, sonrisa, sonrisa, detrás de unas gafas que enmarcan la vitalidad de su
dueña. Menuda, pizpireta, captando cada momento, cada ruido, cada vuelo de
falda que pase por su lado. Siempre dispuesta a nuevos retos, a arrastrarte en
una quedada que puede estar planificada con meses de antelación, o de hoy para
mañana. Y vas. Arrastra esta mujer, arrolla como el tren de las cinco,
desbocado, que te pasa por encima dejándote unas cosquillas.
Si ustedes, después de todo lo dicho, desean conocerla, vayan preparados
porque en cualquier momento prende la mecha y es toda dinamita. Y a todo esto
sin perder su sempiterna sonrisa. Vida en estado puro, esta Anita.
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En la Cofradía de Cuento Corto hemos jugado a conocernos y descubrirnos, como en el amigo invisible el juego era escribir sobre una de las personas que nos tocara por sorteo.
A mi me escribió Lola Sanabria, como un personaje de sus relatos. Yo diría que fui tocada por su duende.
¡Gracias Lola, amiga!
Yo escribí sobre Fernando Vicente, si queréis leerlo tenéis que ir a donde sobran palabras: Depropio


