Foto robada de la red
Estábamos citados a las cinco en
la sala de profesores, por Juanito otra vez. Yo me apuré para salir del trabajo
a tiempo, y tú ya estabas esperando en la puerta, con ella.
Entramos en la sala. Se filtraba
el sol a través de las persianas creando un código morse en una de las paredes,
ilegible por culpa de la sombra de Don Jesús, el profesor.
–Siéntense –nos invitó. Y nos
sentamos tú y yo, ella detrás de tu silla con la cabeza gacha. Don Jesús hacía
como que no la veía.– Estoy preocupado por Juanito, no solo no atiende en clase
sino que se dedica todo el día a pintar circos romanos, con carros de combate,
gladiadores, caballos, …
Un silencio incómodo se adueñó de
la habitación y todos evitamos mirarla a ella, tu esclava cristiana, a la que
la piel se le caía a colgajos por los mordiscos de los leones. Pero todos
adivinábamos su sonrisa maliciosa.
Yo le pedí a Don Jesús por favor que
se apartara, no soportaba ver ahí ese párrafo en morse y dejar la lectura a
medias. Él se agachó un poco y pude leer. La señora de la limpieza por fin me
había dejado la receta de su famosa tarta de plátano.
–No se preocupe, Don Jesús, ya me
encargaré yo de que Juanito deje de pintar circos –y acaricié en mi bolsillo la
llave de la jaula.
Relato escrito en el microtaller de humor de la Escuela de Fantasía,LeLe sobre el humor absurdo.