jueves, 16 de junio de 2011

La carne

Dedicado a Pablo Garcinuño

Hoy comí un bistec. Como siempre, se me quedan pequeños hilillos de carne entre los dientes, por eso no me gusta comerlo cuando voy por ahí, es muy desagradable andar manipulándose la boca toda la tarde. Pero hoy, afortunadamente, estaba en casa.
Al rato de andar con la lengua moviendo, para que cayera, fui al baño desesperada, y allí, armada con un cepillo dental, eliminarlo definitivamente.
Me acerqué al espejo para mirarlo, estaba ahí justo, entre el incisivo y el colmillo, y cuando encendí la luz del frente para verlo bien dí un respingo ¡se movía!
Primero morí de asco, luego el morbo me pudo y volví a observarlo, tenía que sacarlo de allí como fuera, preferí usar la seda dental por si acaso el cepillo no fuera suficiente. Corté el trozo de seda largo para hacer, si era necesario, más de una prospección y me lancé a por el asqueroso bicho con patas que se había alojado entre mis dientes.
Pasé la cinta una primera vez, no lo conseguí, una segunda y ahora sí, allí lo tenía, un hombrecito pequeño, diminuto, aferrado al hilo de seda. Ya no me sorprendí, solo me asqueé aún más ¿cómo había podido? ¡el muy puñetero! hay hombres que no hay manera de echar, ni en la noche, ni en el desayuno, ni siquiera en la comida. Esta vez no vuelve me dije, y lo lancé por la taza del váter.

19 comentarios:

  1. Me trajo reminiscencias de "Lo que se de los hombrecillos" de Millás.

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  2. Y del Homus rizus de Pablo Garcinuño. Sí que son pegajosos algunos, aunque este me da que no vuelve.
    Besos, Ana.

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  3. Cybrghost, no lo he leído, pero pinta bien :)

    Elisa, ahora que lo dices, pensé en dedicárselo porque me pareció muy suyo, ahora sé por qué, je je, pero se me ocurrió a mi sola ;) es una buena fuente de inspiración, sin duda. Se lo voy a dedicar, hale

    Patricia, G R A C I A S!!!!!!! Qué bueno tu entusiasmo!!!

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  4. Muy buena solución para quienes se aquerencian con una!! B.r.i.l.l.a.n.t.e.!!!

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  5. Uff, yo creo que prefiero el homus rizus a esto dentro de mi boca... agggrrr

    Besitos

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  6. Yo estoy con Su en el agggrrr...este es un micro para que te graben mientras lo lees...he ido poniendo caras ante cada ataque.

    Un beso!

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  7. Joder, qué cosa más surrealista. Me encantó. Ahora, cada vez que me lave los dientes, oiré grititos.
    Abrazos tipo horreur,
    PABLO GONZ

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  8. Yo también digo aggrrr vaya imagen, este no se me olvida, no.

    Besos.

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  9. Me han entrado unas ganas locas de ir al cuarto de baño por ver si tenía alguna entre los dientes...¡a lo mejor nos hacemos amigos, quién sabe!!!!

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  10. Qué honor! Muchas gracias, Ana, por dedicarme un micro que me parece genial. Me has alegrado la mañana. Pero pobre hombrecillo, ¿no te dio pena deshacerte así de él? El próximo que te salga me lo envías que a mí no me importa tener una más en la cabeza, ok? No sabes la ilusión que me ha hecho

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  11. Este micro es buenísimo Ana, no le eches al olvido, porque le auguro buenos resultados ;) Besos

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  12. Como decían los chavales de Muchachada Nui : "Un paluego". Si es que la debilidad de muchos hombres son los chuletones...............Y si aún por encima los riegas con un buen vino, no salimos de allí.

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  13. ¡Pobre hombrecillo! ¡Qué crueldad tan grande echarlo por el váter! Podía habérselo quedado y jugar con él a los muñecos.

    Muy divertido.

    Besos al cubo.

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  14. ¿Y echarlo por el sumidero del lavabo y dejar correr el agua y ver como se desespera intentando salir y disfrutar de su agonía hasta que muera?
    Muy bueno.
    Un abrazo

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  15. Me gustó mucho el texto, por el tema y la ironía del final.

    Hay gente que no sabe darse por aludida.

    Saludos

    J.

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  16. Miércoles! Y haciéndome vegetariana resolveré el problema con los hombrecitos descartables? :)

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  17. Es genial, me recordó a unas viñetas de Quino que cuentan algo semejante. Los malos recuerdos son más pegajosos de lo que quisiéramos...

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  18. Puede que el hombrecillo hubiera quedado prendado del último bocado.

    Estos trocitos que quedan entre los dientes son "paluegos"

    Besos, Ana.

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Si quieres, deja tus huellas al andar por mi casa.

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