sábado, 26 de mayo de 2012

Aedificium


El técnico miró las ramas que atravesaban la pared del salón, pasó sus dedos entre las hojas y cortó con un crujido seco una de las vainas que colgaba. Cuando la abrió pudimos ver cuatro semillas, igual a las judías canela que mi madre preparaba con tocino y cebolla todos los domingos.
Como pensaba, el edificio tiene leguminosis sentenció. Después firmó un papel con la certificación y otro con sus honorarios, que yo procedí a abonarle con la misma celeridad.
Una vez se hubo marchado, cerré la puerta con doble vuelta de llave, eché el pestillo interior y fui a la cocina a preparar el sofrito.

37 comentarios:

  1. Que pasada!! Esas musas tuyas aparecen de cualquier forma y no hay pared que las pare, jeje. De los relatos mas originales que he leido. Y se llaman judías canela?
    Un abrazo

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    1. Genial, lo de las musas apareciendo por la pared, voy a ver si...
      Y sí, se llaman canela, con judías pintas :)
      Abrazo

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  2. ¡Qué bueno, Anita!

    Este micro es un exponente claro de tu talento creativo, de esa capacidad de arrancar literatura de una imagen imposible.

    Y yo que lo máximmo que he conseguido sacar de una pared es un chichón en la frente, me voy frustrado. Pero sonriendo.

    Un abrazo,

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    1. Muchas gracias, de ahí es de donde salen algunos micros, otros vienen directos del corazón. Y tú no te frustres porque tus letras sí que son bonitas.
      Un abrazo

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  3. Si que me ha gustado, si. Casi Puedo saborearlo y por otro lado me temo lo peor... En varias paredes de mi casa han aparecido extrañas protuberancias y temo que empiecen a florecer de un mOmento a otro

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    1. No tengas miedo, Fernando, ahora no te importará la crisis porque ya tienes comida en casa, vete preparando el caldero ;)
      Besos

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  4. Hasta ahora yo solo conocía la "aluminosis" esa que resquebraja edificios por el uso de malos materiales. Tú con tu leguminosis has utilizado la imaginción y el recuerdo para deleitarnos con un magnifico relato. Me gusta, me gusta muchísimooooooooo

    Besicos, amiga.

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    1. Efectivamente, ahí está la clave del relato, una palabra tan tonta puede cambiarlo todo!
      Besos!

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  5. ¡Jaja! Al menos la comida la tienen asegurada.
    Es buenísimo, Ana. Super original.

    Un beso.

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    1. Eso! esto empezó a ocurrir después de las vacas gordas que a la gente se le caían los garbanzos y las lentejas por todos lados, y como dicen, lo que se siembra luego se recoge.
      Besos

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  6. Ana, lo ideal sería que la casa también tuviera Almax, entonces sin duda probaría esas judías (el juego que dan).

    Besotes de verdura

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    1. Bueno, todo está en pensarlo, de todas maneras si le cambias el agua a las judías varias veces (en el remojo previo) y haces el pino tres veces en mitad de la cocción, dicen que no dan gases ni acidez.
      Besos leguminosos

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  7. Anita, me ha encantado esa leguminosis. Es muy original, de esos textos con los que te descuelgas tú de vez en cuando y que de dejan con la boca abierta. Ahora, con la crisis, a todos los edificios le debería atacar esa leguminosis, las legumbres siempre te sacan de cualquier apuro. Un beso.

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    1. En eso estaba pensando, Mar, en que pudiéramos aprovecharnos para tener qué comer. Un beso y gracias

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  8. Ahí queda eso, señor barbero...

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    1. Señor barbero... ¿será el que viene a cortar las judías?
      Un abrazote

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  9. jaja mira que yo me las imagino creciendo y creciendo hasta llegar al cielo jaja. Me gustó
    saludillos

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    1. Ah, claro, las habas mágicas, pues mira, no me acordaba yo del cuento.
      Besos

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  10. Me voy a poner a mirar por los rincones a ver si tenemos leguminosis, no estaría mal, comida en casa, en estos tiempos vienen muy bien.
    Original y divertido tu micro, Ana.

    Besitos

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    1. Eso, Elysa, y si no tienes deja caer unas semillas por si acaso.
      Besos

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  11. Qué original Ana. Me gustan los juegos con frases hechas o con sonoridades parecidas.

    Abrazo

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    1. Si, es un recurso divertido e imaginativo. A mi también me gusta. Un abrazo

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  12. O sea que lo que nos cuelga por el sumidero de los olores ¡son legumbres!. Pero qué suerte la nuestra, que tenemos el huerto ecológico en casa, y qué suerte la tuya por este ramalazo de inspiración tan auténtico!!. ;)

    Un beso Anita.

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    1. Qué suerte, sí, la verdad. En vez de caerse los edificios se levantan con comida propia.
      Un beso guapa

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  13. Jajaja, si es que no hay mal que por bien no venga... Para qué amargarse si uno puede hacerse un puchero cuajadito de calorías de los que quitan las penas.
    Un abrazo.

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    1. Claro, pagas al técnico y a cocinar!
      Besos y abrazos

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  14. Me encanta la manera y la actitud con la que tratas el extrañamiento y la aparición del elemento fantástico. Enhorabuena, Anita.

    Abrazos.

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    1. Gracias, Agus, la manera en que encaramos los extrañamientos son quizá lo que hacen diferentes unas historias de otras. Tú eres un maestro en eso.
      Un abrazo

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  15. Genial, empieza la invasión. La Naturaleza empieza a invadir todo lo construido por los torpes humanos. Por cierto, qué bien huelen las judías que estás cocinando.
    Besicos, Ana

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    1. Ya iba siendo hora, Torcuato, de que las cosas recuperen su espacio natural, y nosotros nos vayamos... ahí.
      Besos

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  16. El cuento de las habas no me gustaba nada cuando era pequeña; pero en tu relato, aunque las vueltas de la llave auguraban un final siniestro, el sofrito le ha dado un golpe de olor genial.
    Un beso

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    1. Últimamente me ha dado por los olores, Ana, creo que ensalzan un relato como ninguna otra cosa. Bueno, sí, quizás el amor o el desamor.
      Otro beso

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  17. Genial.
    Has llegado a la simbiosis edificatoria, de ahí puede surgir el edificio con injertos de todo tipo. De ocurrir ésto estarías en la historia como profeta del edificio comestible.
    Lo único a lamentar en cuanto al futuro, es que éste ocurre hasta después.

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    1. Ja ja ja, me encanta tu comentario, en especial lo del futuro. Pues lo miraré a ver si puedo crear un edificio comestible, hablaré con algún agroarquitecto.
      Besos

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  18. Me gustan los relatos que dicen cosas nuevas, como este tuyo, surrealista, divertido, con un buen recuerdo a la madre y buen sabor de boca.

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    1. Gracias, Ximens. La receta es de mi madre, claro!
      Besos

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  19. delicioso. es todos los aspectos.

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Si quieres, deja tus huellas al andar por mi casa.

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