Entro en el vagón, me siento y bajo la barra de seguridad. Suena un pitido y empezamos a avanzar por los carriles. Primero una subida lenta, muy lenta, que hace presagiar una bajada vertiginosa: pero no, hay un llano y después cae con suavidad, luego otra subida y ahora sí, triple vuelta de campana, estómago en la garganta, ojos fuera, gritos de pánico. Llano rápido y una bajada, ya caemos en picado, los pelos se quedan arriba, las manos aferradas a la barra, hasta el culo se levanta un poco del asiento. Subida otra vez y luego vuelta, giro, vuelta, giro, un llano largo lleno de temores y por fin una bajada por un túnel que parece no terminar nunca. Al salir, media vuelta y se terminó. Respiro. Ahora por fin sé que te has ido para siempre.
lunes, 10 de septiembre de 2012
sábado, 4 de agosto de 2012
De sombras
Mi sombra se alargaba hasta su trabajo por las mañanas sin separarse del todo de mí. A mediodía, cuando el sol estaba más alto, permanecíamos unidas, con los quehaceres de la comida y la siesta, para alejarse de nuevo por la tarde en reuniones, paseos por la calle y llamadas de teléfono inevitables. Por la noche, con la oscuridad, no se iba, desaparecíamos juntas en el territorio de los sueños, en los abrazos de alcoba y en los gemidos nocturnos.
Hace unos días que noto cómo se despega poco a poco, como si estuviera cosida, los puntos se sueltan a cualquier hora del día o de la noche, y por más rápido que dé las puntadas, los hilos que la sujetan desaparecen y ella sigue su camino.
Etiquetas:
sombra
viernes, 27 de julio de 2012
Y yo ¿qué?
La niña en el ascensor, de Verónica Barra
Abren la puerta, entran, hablan de sus cosas, quizá no se conocen demasiado y preguntan cosas nimias, cada día, una y otra vez las mismas frases:
–Qué calor, esto es horrible
–Si, está haciendo mucho calor este año
O bien:
–Menudo viento, no hay quien suba a tender a la azotea
–Desde luego, yo ayer casi salgo volando.
También están los:
–¿Cómo sigue su madre?
–Bueno, ahí va, peor no está.
Cuando están solos se miran al espejo y dejan sus pensamientos aquí atrapados.
A mí nadie me dice nada, nadie me habla ni cuenta conmigo. Ya me había acostumbrado hasta que la niña del segundo, la nieta de la señora viejita, empezó a hablar conmigo. Desde entonces, a veces nos paramos en medio, casi sin que se note y charlamos un poco, le cuento algún secreto de la comunidad o me cuenta ella cosas de fuera, las que antes solo intuía por las miradas de quienes entraban. Y me sonríe, no al espejo, no a ella, me sonríe a mí.
Estoy temiendo que se acaben las vacaciones, tenga que irse, y se olvide de que un día fue niña.
miércoles, 25 de julio de 2012
Viento en la azotea
Esta mañana, como cada martes, subí a tender las sábanas a la azotea. Después de un rato conseguí abrir la puerta; a la llave oxidada cada día le cuesta más entrar en la cerradura. Cuando me veo allí, con el cesto de ropa y las pinzas, siempre me acuerdo del bote de 3en1, olvidado cuando se le necesita en el cajón de las herramientas.
La puerta casi me tira al liberarla del cierre, ahí fuera soplaba un vendaval que parecía haber nacido ahora mismo, porque en casa no corría ni una gota de aire.
Salí como pude, agarrada a la pared, las uñas clavadas en el gotelé y al primer golpe de viento empezaron a volar sábanas y pinzas, el cielo se volvió blanco con velas de cama y todos mis sueños quedaron desperdigados por el aire. Eso sí que no, me dije, y al despegarme de la pared yo también empecé a volar. Conseguí asirme a tiempo a una cuerda, pero el viento era tan fuerte que se salió de la rueda y salimos ambas volando. Cuando ya pensé que no volvía, la cuerda a la que permanecía agarrada se quedó atrapada en otra cuerda que a su vez se soltó y pronto una larga hilera de cuerdas me unían a la azotea donde soplaba viento.
Afortunadamente, el fenómeno solo ocurría allí y con la cuerda conseguí bajar, recogí las sábanas sucias tiradas en la calle y entré en el portal, dispuesta a lavarlas de nuevo, como cada martes.
Etiquetas:
viento
viernes, 13 de julio de 2012
Mensajes de agua
Cada mañana, al acercarme a la playa para mojar los pies en
las primeras olas, encontraba tu mensaje en la botella. Los primeros días solo era uno, pero después empecé a contestarlos. Entonces
llegaban y se iban, llegaban y se iban. Yo no podía verte, tú no podías verme,
pero ambos sabíamos que estábamos al otro lado, en otra orilla, con los pies en el mismo mar.
Aquella mañana me decidí y entré en la botella. Por fin el mensaje era yo. Por fin la respuesta eras tú.
Etiquetas:
comunicación,
mar,
mensajes
martes, 3 de julio de 2012
Mineros de cuento
Llegaron los siete a casa con la cabeza mirando a los pies y sin apenas palabras. Aún así, al sentarse a la mesa, el sabio dijo «por mucho que dé vueltas a la cabeza, no sé qué podemos hacer» a lo que el gruñón respondió «nada, como siempre», el feliz contestó «todavía tiene que haber esperanza para nosotros», el dormilón bostezó y el tímido se sonrojó. El mocoso, de tanto llorar, se había quedado sin mocos ni lágrimas y el mudito encogió los hombros con una mueca de tristeza en la sonrisa.
Entonces Blancanieves dejó sobre la mesa la bandeja con la cena: ocho manzanas envenenadas, y les dijo: «Claro que hay qué hacer, con este manjar salimos esta misma noche con todos los compañeros para Madrid. Nos van a oír»
Con este relato me sumo a la iniciativa de Microrrelatos negro carbón
Con este relato me sumo a la iniciativa de Microrrelatos negro carbón
Etiquetas:
cuentos,
mineros,
negro carbón
viernes, 8 de junio de 2012
Cordero de dios
De crisis sí que sabía el padre Arnoldo, que había tenido que reinventarse para no caer en el olvido del pueblo. Después de unos meses en que cada día venía menos gente a misa, hasta el punto que al abrir la puerta de la iglesia la única fiel que quedaba, solo las pelusas volvían la cabeza, Don Arnoldo decidió tomar medidas drásticas y llamar a misa tal como su madre les llamaba de pequeños a casa.
Los primeros domingos no se notó demasiado, pero en pocos meses la Iglesia volvía a estar llena cada semana. Y así, en el momento de la bendición, cuando decía "este es el cordero de dios" en vez de levantar el copón con las hostias, abría el horno y sacaba el cordero que mataba cada sábado y tenía toda la mañana del domingo en el horno. Los vapores salían a partir de las 11 por el campanario, y se le llenaba la misa como nunca se había visto.
La receta, la de su madre, mucho ajo y poco aceite.
martes, 29 de mayo de 2012
Liebster blog
He tenido el grato honor de que Luisa de Microrrelatos a por mayor y la ranita Puck en La Charca de las Ranas me incluyeran en el premio Liebster Blog, entre sus cinco blogs preferidos.
Aunque soy un poco tardona, aquí va mi agradecimiento ¡GRACIAS, CHICAS!
Mi premio Liebster Blog no puedo dárselo a cinco blogs porque serían muy pocos, y porque creo que la labor de mantener un blog es premiable en todos los casos.
Así que todos aquellos blogs a quienes visito, a los que me gustaría visitar más a menudo, a los que he visitado, a los que visitaré. Todos tenéis una mención honorífica aquí.
Y siempre, un abrazo.
Etiquetas:
Liebster Blog,
premios
sábado, 26 de mayo de 2012
Aedificium
El técnico miró las ramas que atravesaban la pared del salón, pasó sus dedos entre las hojas y cortó con un crujido seco una de las vainas que colgaba. Cuando la abrió pudimos ver cuatro semillas, igual a las judías canela que mi madre preparaba con tocino y cebolla todos los domingos.
–Como pensaba, el edificio tiene leguminosis –sentenció. Después firmó un papel con la certificación y otro con sus honorarios, que yo procedí a abonarle con la misma celeridad.
Una vez se hubo marchado, cerré la puerta con doble vuelta de llave, eché el pestillo interior y fui a la cocina a preparar el sofrito.
viernes, 18 de mayo de 2012
Cuentos para Violeta
Los colores de Matilde
Aquella mañana, Matilde se despertó muy contenta
y llamó a la abuela para que la ayudara a vestirse.
— Abuela, hoy he tenido un sueño de colores, ha sido precioso
— ¿De colores? ¿Y cómo puede ser eso?
Matilde nunca había visto los colores porque era
ciega desde que nació, por eso era tan especial para ella, y por eso tampoco lo
entendía su abuela.
— Abuela, el cielo era azul como en primavera, cuando
la brisa suave acaricia la piel y tú me dices que es un día luminoso. Los árboles
tenían las copas altas, igual que las que nos dan sombra en las tardes de verano y
eran muy verdes, como el olor de la hierba recién cortada. El sol era amarillo
como en los días que calienta la cara. Y había una casa multicolor, rosa como
la suavidad de mis peluches, violeta como el olor de las flores y naranja como
cuando me abrazas y me aprietas fuerte los días de lluvia.
Dibujo de Lourdes Medina
Pintar el mundo de colores
Ya no era una niña
cuando empezó a pensar que le faltaban colores al mundo, que las personas se
habían vuelto más grises de lo que ella recordaba y el cielo se llenaba de
polvo y suciedad más a menudo de lo habitual.
Había que hacer algo
y había que hacerlo pronto –se dijo una fría mañana de marzo. Entonces se puso
manos a la paleta, un árbol por aquí, un tejado por allá, un sol ahí arriba y
pincelada a pincelada pintó el mundo en el que ella quería vivir.
Con cada pincelada notaba
como su corazón se alegraba y cada vez el cuadro tenía más vida y armonía.
Cuando terminó de pintar miró a su alrededor y unas ligeras cosquillas en la
barriga le avisaron de que el mundo era un poquito más feliz.
******************************************************************
Estos dos cuentos los escribí para regalar en el 8º cumpleaños de mi hija, inspirada por el dibujo de Lourdes.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)







