Para Caro García
Tenías la mirada más limpia y clara que había visto nunca. Tus ojos como lagos solo invitaban a bañarse en ellos, aunque siempre tuve miedo de ahogarme. Hasta que una mañana de primavera te nació aquel árbol, un esqueje solitario, al que le fueron creciendo ramas. Al tiempo, aquello era un bosque denso: matorrales en la pupila, lianas colgando del iris y el fondo cubierto de hojas. Quisiera salir antes de perderme, pero no encuentro el camino y se está haciendo de noche.

