Abrigan mucho a Esperanza, un abrigo, dos, tres, la pobre no puede ni moverse de lo que pesa todo aquello sobre sus hombros. La abrigan tanto que no sabe ya ni quien es. Pero un día le quitan todo, y ella, pequeña, se hace un ovillo, muerta de frío. Entonces abren la puerta y la echan fuera, la dejan perderse en la inmensidad del exterior, donde alguien, esperemos, la encontrará y la abrigará de nuevo.
