
PREÁMBULO
Cuando usted toma en sus manos un rollo de papel higiénico no está haciendo una tarea del hogar, no está haciéndole un favor al que se sentará en el váter después, ni siquiera es una simple obligación. Cuando usted toma en sus manos un rollo de papel higiénico está sirviendo al más elemental y sagrado fin del universo mismo, está contribuyendo a finalizar dignamente el ritual más placentero del ser humano.
INSTRUCCIONES
Tome el rollo con el final de su extremidad superior izquierda, allá donde se encuentran los cinco dedos, que para abreviar llamaremos mano, siempre que sea usted diestro, en caso contrario será mejor tomarlo con la extremidad superior derecha, o mano derecha, para diferenciar, a la anterior que citamos la llamaremos mano izquierda.
Como verá, dando un par de vueltas al rollo, a primera vista le parecerá que no está enrollado en espiral sino en sucesivas tiras de papel colocadas paralelamente unas tras otras. Pero si fija bien su mirada, podrá descubrir, no sin sorpresa la primera vez, que el rollo tiene un final adherido al resto de forma tan sutil que es casi imperceptible. Con mucho cuidado separe el final del rollo del resto, esto es, pase delicadamente el dedo índice de la mano derecha (no sin haberlo aseado adecuadamente primero) bajo la holgura más cercana que encuentre al final del mismo y llévelo de un lado a otro como si estuviera abriendo una carta.
Una vez separado el final del papel colocaremos el rollo en el rodillo previsto para él en una de estas dos posiciones:
Con el papel suelto colgando por la parte delantera si usted piensa que el papel podría ensuciarse con la pared antes de ser utilizado.
Con el papel suelto colgando por la parte trasera si le parece que al existir más resistencia, el corte de papel cuando sea usado va a ser más limpio y cómodo, y al tirar del papel no quiere correr el riesgo de gastar más del necesario.
Por último y si está de enhorabuena, estrene el rollo y dese un gusto para el cuerpo.