
Hace años, él se manifestó por el derecho a la intimidad, cuando instalaron cámaras en algunas calles oscuras para su seguridad, y la de la ciudadanía. No sirvió de nada, después del caso de aquella chica que se salvó de una violación gracias a la cámara que había en la esquina de su casa, las instalaron en todas partes. Él todavía se acuerda de lo que le costó aceptarlo, que supieran donde estaba a cada momento.
Han pasado 10 años, y en el último cumpleaños, su mujer le regaló un Iphone 4, ¡qué ilusión!, por fin podía contratar la tarifa para navegar todo el día sin problemas. Esa noche hicieron el amor como hacía tiempo. Gracias a su súper teléfono tiene todo tipo de aplicaciones en facebook, puede avisar donde está con el gps, publica directamente los nuevos post de su blog, avisa de qué película va a ver y cuantas entradas ha comprado, o cualquier movimiento de su tarjeta de crédito (salvo los regalos de cumpleaños, que no se notifican gracias al "ticket regalo sin notificación en redes sociales").
Está emocionado desde que salió la última aplicación "taza del wc" que avisa de la cantidad de pipí o caca que hace, y sus amistades le comentan con remedios para el extreñimiento.
