
La noche del 3 de febrero él fue a verte, a decirte todo lo que siempre quisiste oír, lo que más echaste de menos durante tantos años.
Te tomó dulcemente las manos y te miró a los ojos, como solo él podría hacerlo. Quisiste decirle que no te llevara, por un breve instante miraste hacia abajo mientras las puntas de tus pies todavía tocaban el suelo "aquí me necesitan". Pero él te tranquilizó con su mirada de amor y te abrazó fuerte mientras te daba a entender que tu no te ibas, que quienes se irían serían ellos.
En ese momento, plácidamente, dejaste de respirar.
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Hace un año que mi amiga Arantxa se fue, quería hacerle un pequeño homenaje y decirle que no me he ido.
