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sábado, 24 de septiembre de 2011

Sopa



A ver, puerros, zanahorias, nabos, apio y el cuartito de pollo. Lo lavo todo bien, naniana naniana. ¿Llegará a tiempo hoy? La tabla de cortar aquí. El puerro finito sin esos pelos ni la parte verde. Tiene tierrita, me gusta el olor, mmmmm. ¿Vendrá enfadado? Ay, con tanto trabajo, vaya mal humor gasta. Pelo las zanahorias y los nabos y los corto en rodajitas y ¡hale! a la olla. Uy, pero si no la he puesto. Agua calentita, sal y pastilla de avecrem, o como se llame ahora. Ahora sí, a cocerse que si no, no hay quien corte nada aquí. El pollo, una lavadita también con agua calentita para que coja tono, y la hiel fuera. Ya tenemos bastante hiel en casa. El apio, la parte de las hojas, qué buen sabor da, así finito, y las ramas enteras para poderlas quitar, que no le gustan. Espero que le guste, aún me duele de la última vez que no le gustó. Todo a la olla, cierro y a limpiar todo antes de que llegue, no vaya a encontrar nada a disgusto.

lunes, 3 de enero de 2011

Liturgia doméstica


Después del vino me das la hostia.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Bajo mis ramas

Mientras él me talaba yo sacaba ramas nuevas, invisibles, que no pudiera cortar a su antojo para dejarme hecha un tronco inmóvil y feo.

Cuando él salía a trabajar yo me disfrazaba para ir a la calle. Con las clases de teatro, conseguí seguir siendo para él la que empequeñecía con cada palabra y cada hostia.

Contraté a una entrenadora personal que me hiciera fuerte y mejorara mi musculatura bajo la misma complexión de siempre.

Las demás ramas las hice crecer yo sola, esperar el momento, medir las palabras hasta conseguir las perfectas para la última conversación.

Llegó el día, vi la oportunidad y no la dejé pasar, me sentía fuerte y calmada, y con ganas de ser yo por fin.

Él llegaba enfadado del trabajo, y tenía su árbol talado para aguantarle toda la mierda. Cuando empezó yo le fui envolviendo con mis ramas invisibles, intentó desasirse pero era más débil que yo, entonces trató de darme miedo con su voz, ahora temblorosa, y al escucharme, mis palabras le quemaron las entrañas, enmudecido y pequeño cayó ardiendo a mi lado. Me aparté mientras se quemaba, después saqué la escoba y barrí sus cenizas.

*Relato presentado al concurso del blog de Castillos en el aire "Microrrelatos sobre violencia de género"

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