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viernes, 25 de enero de 2013

Secreteos



Aquella noche de septiembre estaba la urbanización tranquila, con algunas conversaciones a media voz, cuando se empezaron a oír los gritos. Los vecinos se quedaron callados, solo se escuchaba alguna risa sospechosa, mientras aquella mujer gritaba desaforadamente en mitad de un orgasmo interminable. Parecía mentira que un orgasmo pudiera durar tanto, y seguramente tuvo su eco en algunas parejas que, con más prudencia, cerraron sus ventanas.
Cuando aquello cesó, se formó una pequeña algarabía en las distintas terrazas, risitas ahogadas y conversaciones cómplices de un balcón a otro.
Tres o cuatro días después, en los periódicos contaron el suceso: un hombre había descuartizado viva a su mujer en una vivienda de esa urbanización. Desde entonces, los vecinos se saludan cabizbajos, no salen a la terraza de noche y hay un pacto implícito de hacer el amor con las ventanas cerradas. En silencio.

Relato escrito durante el Microtaller de Humor de la Escuela de Fantasía

viernes, 27 de julio de 2012

Y yo ¿qué?

La niña en el ascensor, de Verónica Barra


Abren la puerta, entran, hablan de sus cosas, quizá no se conocen demasiado y preguntan cosas nimias, cada día, una y otra vez las mismas frases:
Qué calor, esto es horrible
Si, está haciendo mucho calor este año
O bien:
Menudo viento, no hay quien suba a tender a la azotea
Desde luego, yo ayer casi salgo volando.
También están los:
¿Cómo sigue su madre?
Bueno, ahí va, peor no está.
Cuando están solos se miran al espejo y dejan sus pensamientos aquí atrapados.
A mí nadie me dice nada, nadie me habla ni cuenta conmigo. Ya me había acostumbrado hasta que la niña del segundo, la nieta de la señora viejita, empezó a hablar conmigo. Desde entonces, a veces nos paramos en medio, casi sin que se note y charlamos un poco, le cuento algún secreto de la comunidad o me cuenta ella cosas de fuera, las que antes solo intuía por las miradas de quienes entraban. Y me sonríe, no al espejo, no a ella, me sonríe a mí.
Estoy temiendo que se acaben las vacaciones, tenga que irse, y se olvide de que un día fue niña.

viernes, 4 de marzo de 2011

El caminito


Hoy está contenta, muy contenta, sale a la puerta de su casa a contemplar el caminito que llega hasta la carretera. Hoy está asfaltado, tan pulcro. Ahora su hija no se quejará cuando venga a visitarla porque su viejo coche no puede entrar por aquella pista de tierra. Ahora el cartero le traerá las cartas hasta el buzón y no las dejará bajo una piedra allá abajo. Ahora podrá salir sin miedo a tropezarse.

Hoy hablará con las vecinas y les dirá que no se les ocurra votar a esos mentirosos. Hoy está contenta, pero llevaba enfadada cuatro años.

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*Relato basado en la realidad, para saber más pincha aquí

martes, 10 de agosto de 2010

La Comunidad

Las alimañas nos vieron salir y sacar las innumerables maletas, ya conocían nuestro destino y tiempo de vacaciones.
Frotando sus patitas de uñas afiladas se reunieron en el rellano para comentar que habían oído entrar y salir gente del tercero centro, pero que no éramos nosotros "¿vendrán a regar?" dijo una de ellas "por los ruidos a medianoche no diría yo eso" contestó otra.
Sin duda lo que más les hizo disfrutar fue aquélla bolsa de basura encontrada en la azotea, que rápidamente achacaron a la inutilidad de sus vecinos "no saben donde dejar la basura, a estas alturas" y eso que en un año y medio no había ocurrido nada igual.
Gracias a eso pudieron meter sus largas narices en la bolsa, leer facturas allí olvidadas y olfatear con una mezcla de asco y gozo, la fruta y leche ya podridas.

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