Mostrando entradas con la etiqueta ReC. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ReC. Mostrar todas las entradas

lunes, 15 de septiembre de 2014

Clara de noche



Ella no tiene habilidad ninguna para recogerse el pelo y él apenas puede ponerse los pantalones. Por eso, cuando ella termina el servicio, él agacha la cabeza y le coloca el mechón que le cae por la frente con la horquilla en forma de flor que le regaló hace dos años, y ella se incorpora mientras le sube la cremallera, y le abrocha el botón y el cinturón. Después, se despiden con un beso hasta la próxima, que, con suerte, será el mes que viene, cuando él pueda rascar algo de la pensión para volver a verla.

jueves, 25 de abril de 2013

Despojados



Ya no hay otro nombre, los relatos ReC que no llegan, son despojados, y pronto ese nombre dará de qué hablar, tiempo al tiempo.

Estos son los míos de hace unas semanas:



Ecos

—Que se arrime un poco más al borde de la cama y se levante el camisón ¿Es que no oye, abuela?
Pero la abuela hace un rato que ni oye ni escucha. Que solo ve las hojas moverse por la brisa suave de la primavera, las estrellas brillantes sobre las balas enormes de paja y el granero donde se encuentran cuando se escapa por la ventana con la escalera de mano. Y ahí espera, mientras se quita las briznas de hierba enganchadas, hasta que aparece y le pide que se desnude para él.


En serie

Que se arrime un poco más al borde de la cama, le dice el comisario, que ahí es donde debía estar colocada cuando la apuñalaron. En ese momento ve algo en el suelo, bajo la cortina, pero no dice nada. Se queda sentada hasta que él sale de la habitación, entonces lo recoge. Es su pintalabios rojo, el que busca desde hace meses. Se acuerda de que las víctimas llevaban los labios pintados. Se da cuenta de que ella será su objetivo pronto. Su destino. Solo puede ser él. Por fin. Y decide esperar.



viernes, 16 de septiembre de 2011

Pandemia


–La noche es una estrella en tu cucharilla –repetí asqueado.
–Parece realmente grave, vamos a tener que hacerle más pruebas –continuó, dirigiéndose a la enfermera.– Tome muestras de saliva, sangre y semen. Y tramite su ingreso, tiene que quedarse en cuarentena. Estas patologías son muy contagiosas.
Cerró el expediente y concluyó entre suspiros, mientras miraba a la enfermera marcharse:
–Sus ojos son los luceros que guían mis anhelos.


Con este relato he participado en el concurso de la primera semana de ReC

jueves, 11 de noviembre de 2010

Desidentificando


Rutinariamente, intercambio sus pulseras identificativas, como si fuera parte del trabajo. Cuando llegan no quiero saber quién es quien. Especialmente cuando van perdiendo su propia identidad, al filo del bisturí.

*Relato publicado, sin mayor éxito en el concurso Relatos en Cadena, de Cadena Ser

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Guardería


Rutinariamente, intercambio sus pulseras identificativas. Cuando vuelven a casa, sus cuidadores no se dan cuenta.
Yo también soy clonado, pero en mi época nuestra cara formaba parte de la identidad.

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...