
Anoche, mientras dormía, entraste en mi blog. Te sentí en la duermevela, noté como leías cada una de mis entradas, te oí respirar profundamente con unas, sonreir con otras, acariciabas las más dulces y te deleitabas con las más largas. No dejaste ni una sin pasar tus ojos por ellas. Al empezar a tocarlas mi respiración se acompasó con la tuya, entrecortada cuando cambiabas de una a otra, más profunda cuando posabas tus manos sobre las palabras que más te gustaban.
Me sentí enloquecer cuando estabas a punto de comentar, pero alargabas ese momento, saboreando cada palabra antes de escribirla.
Casi se me sale el corazón cuando escribiste "no había leído nada igual antes, volveré por aquí" y llegué al éxtasis cuando terminaste con la palabra de verificación y diste a publicar comentario.
