
A simple vista parecía una familia feliz, pero él no había subido hasta allí para fijarse a simple vista. Metió la moneda en la ranura y acercó el zoom al máximo.
Este otro punto de vista le otorgaba matices, ella miraba aburrida por la ventanilla, los niños peleaban en el asiento de atrás y él farfullaba a otros conductores desde su berlina. No, no era una familia feliz, sólo una más hastiada por la rutina.
Tenía posibilidades con ella, mostrarle otra realidad posible, un mundo soñado y no vivido, mirar juntos las estrellas. En ese momento ella se dio la vuelta, acercó su mano a la de él y se volvió en lo que parecía un beso, justo cuando el objetivo se puso negro.
Él sonrió, no necesitaba ver más, allí arriba su tiempo había concluido.