Pintó en el suelo con tiza, la postura tipo cruz gamada era su preferida, las cuatro extremidades dobladas en el sentido de las agujas del reloj. Después se escondió tras la puerta a esperar, con el cuchillo preparado.
Cuando ella entró, se quedó mirando un rato el dibujo del suelo, luego se acomodó en la postura pintada, encajaba perfectamente con su contorno.
Los asesinatos en serie se sucedían sin que la policía lograse averiguar quién era el asesino ni qué patrón cumplía al elegir sus víctimas. El profesor de estadística logró demostrar que el cien por cien de las víctimas encuestadas no podía sucumbir al inevitable impulso de tumbarse sobre un contorno de tiza.
