— Quería unos calcetines para mi hijo, de la talla 30 y sin costuras, por favor.
El hombre la miró de arriba a abajo y le enseñó un montón de calcetines de colores, lisos y estampados, serios y desenfadados. Ninguno sin costuras.
— Comprenda, señora. Su hijo debe acostumbrarse pronto a que la vida tiene costuras, y que le van a molestar en un lugar o en otro.
Así fue como creó una microempresa de fabricación de prendas sin costuras molestas. Se forró.
Su hijo se acostumbraría a lo que fuera necesario pero ella, a la gente que ponía moraleja sobre su propia incompetencia, nunca.
