
Por la mañana me sorprendió ver en el mar mil estrellas titilando, el sol las iluminaba y resplandecían alegremente, posadas, como flotando sobre la superficie.
Lo sé, esta noche la luna nos dará la espalda, porque alguien se tragó un trozo mientras dormía y las estrellas, asustadas tras ese suceso y temiendo ser engullidas, tampoco nos acompañarán.
*Este relato nació de la mano de los relatos de Su Epístola Lunar, y de Ángeles Sánchez Desvaríos sin órbita (si pinchas en el título puedes leerlos)