Desde que mamá le obligó a ponerse ese horrible traje el día de su cumpleaños, que se repitió varios años hasta que la mandó a paseo, a ella y a sus trajes.
Desde entonces no había querido volver a celebrar su cumpleaños, era acercarse julio y le daba urticaria, recordaba a mamá, a las tías y sus sonoros besos, las agarradas de mofletes, los horribles regalos ¡cuántas veces tuvo que poner buena cara a los regalos de las tías!
Por fin se encontraba tranquilo, en el pequeño pueblo donde vivía nadie sabía la fecha exacta de su cumpleaños, ni siquiera su edad, y pasaba tranquilos veranos haciendo caso omiso de los calendarios y el correr de los años. Solo la llamada de su madre “Roberto, cariño, como me gustaría que estuvieras aquí hoy conmigo y celebrarlo como siempre” le traía recuerdos imborrables.
Por fin, hasta que un día, con la guardia baja, se sinceró con una amiga que le preguntó por la fecha...Para Roberto