El sol brilla tan fuerte que solo ha podido levantarse mi sombra. Tumbada aún en la cama, con el calor pegado a mi cuerpo, la observo moverse, libre de mi, ágil. Salta por la habitación, gira, vuela y desaparece por el pasillo.
La oigo en la cocina, me llega el olor del café y del pan tostado. Desayuna y regresa a la habitación, pasa al baño y se ducha. Canta mejor que yo.
Finalmente se acerca a mi, junta las puntas de nuestros pies, los separa y se va. Descalza.
